El auge del pádel y sus riesgos ocultos
El pádel, un deporte que ha ganado popularidad en los últimos años, no solo ofrece diversión y ejercicio, sino que también puede traer consigo lesiones inesperadas. Una de las más comunes entre los jugadores amateurs es el conocido como codo del tenista, o epicondilitis lateral, una condición que se manifiesta con dolor en la parte externa del codo.
Según el Dr. Vicente Carratalá, jefe del Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica de la Unidad de Medicina Deportiva del Hospital Quirónsalud Valencia, esta lesión no es exclusiva del tenis. De hecho, cualquier actividad que implique movimientos repetitivos de los músculos extensores del antebrazo puede desencadenar este problema. En el caso específico del pádel, factores como la inexperiencia y el uso incorrecto de la empuñadura son determinantes para su aparición.
A diferencia del tenis, donde se ha observado una disminución en los casos de epicondilitis lateral entre jugadores profesionales, el pádel presenta un panorama diferente. La incidencia de esta lesión ha aumentado notablemente entre los aficionados. Esto se debe a varios factores: desde la elección inadecuada de materiales hasta la falta de preparación física adecuada.
Una característica particular del juego es que muchas veces la pelota llega retrasada respecto al cuerpo, lo que obliga a realizar golpes en posiciones biomecánicamente desfavorables. Esta situación provoca episodios repetidos de hiperextensión forzada de la muñeca, aumentando así el riesgo de lesiones. Por ello, es crucial prestar atención tanto a la técnica como al equipo utilizado durante el juego.
Para prevenir estas lesiones, Carratalá enfatiza la importancia de una adecuada preparación física. Esto incluye ejercicios específicos para fortalecer áreas clave como core, glúteos y hombros antes incluso de comenzar a jugar al pádel. Además, realizar rutinas previas al partido que incluyan movilidad articular puede ser determinante para evitar problemas futuros.
En cuanto al tratamiento para quienes ya sufren esta dolencia, el enfoque inicial suele ser conservador e incluye reposo relativo y fisioterapia. Si no se observa mejoría tras varios meses con este tratamiento inicial, pueden considerarse opciones más invasivas como infiltraciones o cirugía artroscópica.
No obstante, cada caso es único; por lo general se estima que una recuperación completa podría tardar entre tres a cuatro meses dependiendo de diversos factores individuales.


