Impacto del calor en el cerebro
Con el aumento de las temperaturas debido al cambio climático, la salud cerebral se convierte en una preocupación creciente. Según el Dr. Rafael Arroyo González, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo, el calor extremo puede afectar significativamente nuestras capacidades cognitivas. El cerebro, que consume aproximadamente 20% de la energía total del cuerpo, es especialmente sensible a los cambios térmicos.
Cuando las temperaturas superan los 35-38 °C, muchas personas experimentan una disminución en su rendimiento cognitivo. Esto se debe a que el cuerpo prioriza la disipación del calor a través de la piel, lo que puede llevar a una reducción en la eficacia del metabolismo cerebral si hay deshidratación. Esta situación provoca síntomas como dificultad para concentrarse y olvidos recientes.
Los grupos más susceptibles incluyen niños pequeños, personas mayores, y aquellos con enfermedades neurológicas o cardiovasculares. La deshidratación leve puede afectar la atención y la memoria de trabajo, mientras que niveles más severos pueden causar mareos e incluso confusión. Es crucial estar atentos a señales como desorientación o somnolencia excesiva, ya que pueden indicar un golpe de calor.
Mantenerse hidratado es fundamental para prevenir estos efectos adversos. El Dr. Arroyo recomienda evitar actividades físicas intensas durante las horas más calurosas y utilizar ropa ligera para facilitar la regulación térmica. Además, es importante prestar especial atención a los grupos vulnerables, quienes pueden no reconocer los síntomas iniciales de deshidratación o sobrecalentamiento.
Si se presentan síntomas graves como confusión o pérdida de conciencia junto con una temperatura corporal elevada, es vital buscar atención médica inmediata. En estos casos, un enfriamiento progresivo es esencial; mojarse con agua fría puede ayudar si se hace correctamente y sin provocar vasoconstricción.
A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, entender su impacto en nuestra salud cerebral es crucial. Reconocer los síntomas tempranos y adoptar medidas preventivas no solo protege nuestro bienestar físico sino también nuestra capacidad mental.


