Un cambio necesario en la medicina respiratoria
La lucha contra el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) ha dado un paso significativo hacia la sostenibilidad. En un contexto donde la salud y el medio ambiente deben ir de la mano, los inhaladores, esenciales para muchos pacientes, están experimentando una transformación crucial. El salbutamol, uno de los broncodilatadores más utilizados, sigue siendo fundamental en el tratamiento de estas condiciones, pero su impacto ambiental ha llevado a los expertos a buscar alternativas más ecológicas.
Según el Dr. Felipe Villar Álvarez, jefe asociado del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, los inhaladores presurizados son responsables de entre el 95% y el 97% de la huella de carbono generada por estos dispositivos. Esto se debe principalmente al uso de hidrofluorocarbonos como propelentes, que tienen un alto potencial de calentamiento global. Este problema se agrava con estadísticas alarmantes: cerca del 29% de los pacientes asmáticos utilizan tres o más envases al año, lo que indica un sobreuso y un control deficiente de su enfermedad.
La solución propuesta es reemplazar estos gases contaminantes por otros menos dañinos como el HFA-152a. Este cambio podría reducir en más del 90% la huella de carbono asociada a los inhaladores sin comprometer su eficacia clínica. «La innovación farmacéutica puede contribuir a la descarbonización sin renunciar a las necesidades clínicas del paciente», afirma Villar.
A pesar de las preocupaciones sobre posibles cambios en la eficacia del tratamiento debido a esta modificación, estudios preliminares indican que no hay evidencia que sugiera una pérdida en la efectividad o seguridad del nuevo propelente. Los pacientes no han podido distinguir entre ambos tipos durante las pruebas iniciales, lo que sugiere una buena aceptación general.
El Dr. Villar enfatiza que cualquier transición hacia prácticas más sostenibles no debe recaer sobre los hombros del paciente ni generar ansiedad respecto al uso adecuado de sus medicamentos. «Es esencial informar correctamente desde consultas y farmacias; debemos enfocarnos en controlar mejor las enfermedades respiratorias», señala.
A medida que avanzamos hacia un futuro donde la sanidad respiratoria integra criterios ecológicos sin perder foco en la salud clínica, se hace evidente que un paciente bien controlado también es un paciente más sostenible. Esto implica menos necesidad de medicación adicional y una reducción significativa en consultas médicas y hospitalizaciones relacionadas con crisis asmáticas o EPOC.


