La actividad física: el elixir de la longevidad que no entiende de edades

El ejercicio regular no solo mejora nuestra salud física; también actúa como un potente aliado contra enfermedades crónicas y mejora nuestro bienestar emocional.

La actividad física: el elixir de la longevidad que no entiende de edades

junio 19, 2026

Redacción de RespiraSalud

El ejercicio como necesidad vital

En un mundo donde la inactividad se ha convertido en una norma, los expertos insisten en que la práctica regular de ejercicio físico es esencial a cualquier edad. La doctora Almudena Fernández-Bravo, jefa asociada del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, subraya que el movimiento es una necesidad básica del cuerpo humano. A medida que las personas envejecen, es crucial adaptar sus rutinas de ejercicio para mantener su salud y bienestar.

A menudo, se asocia la práctica deportiva con un mayor riesgo de lesiones en personas mayores. Sin embargo, la doctora Fernández-Bravo aclara que el deterioro funcional puede ser significativamente retrasado mediante una combinación de nutrición adecuada, ejercicio y una mentalidad positiva. Esto significa que mantenerse activo no solo es seguro, sino también beneficioso para la salud general.

Los beneficios del ejercicio son múltiples y abarcan desde mejoras en la fuerza y el equilibrio hasta una reducción drástica en el riesgo de enfermedades crónicas. Según la especialista, la actividad física mejora la función cardiaca, disminuye los niveles de colesterol y triglicéridos, y ayuda a controlar factores metabólicos. Además, contribuye a fortalecer el sistema inmunológico y tiene un efecto positivo sobre el dolor crónico.

No solo los aspectos físicos se ven beneficiados por el ejercicio; también hay un impacto significativo en la salud mental. La liberación de endorfinas durante la actividad física mejora la sensación de bienestar emocional, reduce el estrés y fomenta interacciones sociales positivas al practicar deporte en grupo o clubes.

A partir de los 30 años, las funciones fisiológicas tienden a disminuir anualmente alrededor del 1%. Por ello, es fundamental ajustar los niveles de actividad física a esta realidad individual. La doctora Bárbara Nasarre recomienda utilizar la prueba del habla como indicador para medir la intensidad del ejercicio, asegurándose así que no se alcanza un estado de fatiga excesiva.

Entre las actividades más recomendadas para adultos mayores se encuentran el montañismo y senderismo. Estas prácticas son accesibles para casi todos y permiten disfrutar de los beneficios adicionales que ofrece estar en contacto con la naturaleza. La clave está en encontrar un ritmo adecuado y escuchar al cuerpo para evitar lesiones.

A medida que se planifican actividades más exigentes como trekking o paddle sup, es vital realizarse un reconocimiento médico previo para identificar posibles riesgos. Además, preparar adecuadamente al cuerpo mediante calentamientos específicos puede prevenir complicaciones durante estas experiencias físicas intensivas.

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