Entendiendo la prematuridad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como prematuro a cualquier recién nacido que llega al mundo antes de completar las 37 semanas de gestación. Esta condición se clasifica en tres categorías: prematuro extremo (nacido antes de las 28 semanas), muy prematuro (entre 28 y 32 semanas) y prematuro moderado o tardío (de 32 a 37 semanas). Este último grupo representa la mayoría de los casos, pero cada categoría conlleva diferentes pronósticos y desafíos médicos.
Aproximadamente entre el 40% y el 50% de los partos prematuros ocurren sin una causa identificable, lo que puede resultar frustrante tanto para los médicos como para las familias. Sin embargo, existen factores conocidos que pueden contribuir a esta situación, tales como infecciones, trastornos hipertensivos como la preeclampsia, embarazos múltiples, rotura prematura de membranas y enfermedades crónicas maternas.
A menudo circulan ideas erróneas sobre la prematuridad. Un mito común es que todos los bebés nacidos antes del término deben ser ingresados en una unidad neonatal. El Dr. Héctor Boix, jefe del Servicio de Pediatría en el Hospital Universitari Dexeus, aclara que muchos bebés considerados prematuros tardíos, aquellos nacidos entre las 34 y 36 semanas, pueden permanecer junto a sus madres si están estables.
A medida que disminuye la edad gestacional, aumentan los riesgos para la salud del recién nacido. La inmadurez pulmonar es una preocupación principal debido al déficit de surfactante; además, el cerebro es vulnerable a hemorragias durante los primeros días. Otros problemas incluyen dificultades para regular la temperatura corporal e un sistema inmunitario poco desarrollado.
Conocer las señales de alerta, como contracciones uterinas regulares o dolor lumbar persistente antes de las 37 semanas, puede ser crucial para prevenir un parto prematuro. Ante estos síntomas, es fundamental acudir inmediatamente a urgencias obstétricas. Actuar rápidamente puede cambiar significativamente el pronóstico del bebé mediante intervenciones adecuadas.
En años recientes ha habido un cambio notable hacia un enfoque menos intervencionista en el cuidado neonatal. Esto incluye técnicas no invasivas para soporte respiratorio y un enfoque centrado en la familia donde se fomenta el contacto piel con piel desde los primeros días si es posible. Los padres son considerados parte integral del equipo médico y se les entrena en cuidados básicos como alimentación e higiene.
A pesar de los desafíos asociados con la prematuridad, muchos bebés moderados y tardíos se desarrollan sin complicaciones significativas. La clave está en entender mejor esta condición y desmitificar creencias erróneas que pueden generar ansiedad innecesaria entre futuros padres.


