El ciclo menstrual y su impacto en la salud muscular
Las mujeres enfrentan un riesgo particular de lesiones musculares a lo largo de sus vidas, y este fenómeno está intrínsecamente ligado a las fluctuaciones hormonales que experimentan. La doctora Lola Bursón, especialista del Servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, destaca que el ciclo femenino no solo es esencial para la reproducción, sino que también tiene un efecto significativo en el aparato musculoesquelético.
A medida que las mujeres atraviesan diferentes etapas de su vida, desde la adolescencia hasta la menopausia, se vuelven más susceptibles a diversas molestias y lesiones. Durante los ciclos menstruales, muchas experimentan dolores articulares leves a moderados. Sin embargo, entre los 20 y 40 años, pueden surgir o intensificarse enfermedades autoinmunes relacionadas con cambios hormonales.
Los estrógenos son una hormona clave en este contexto. Según Bursón, durante la ovulación se produce un pico de estrógenos, lo cual puede aumentar el riesgo de lesiones ligamentosas debido a su efecto sobre la elasticidad del colágeno. Esta mayor flexibilidad puede hacer que los ligamentos sean menos estables ante movimientos bruscos o impactos.
No solo las lesiones son una preocupación; durante la menstruación, el sistema nervioso femenino se vuelve más sensible al dolor. Las prostaglandinas, sustancias inflamatorias liberadas en esta fase del ciclo para facilitar el desprendimiento del endometrio, pueden intensificar esta sensación dolorosa en otras articulaciones.
Durante el embarazo, las hormonas como la relaxina provocan una laxitud adicional en ligamentos y articulaciones. Esto puede resultar en molestias lumbares y ciáticas debido al aumento del peso abdominal. A pesar de que muchos síntomas tienden a disminuir tras el parto y durante la lactancia, algunas mujeres pueden experimentar tendinitis por las exigencias físicas asociadas al cuidado del bebé.
Aparte de las molestias inmediatas tras dar a luz, hay otro aspecto preocupante: la pérdida ósea. El cuerpo materno prioriza el calcio para el desarrollo fetal, lo cual puede afectar negativamente los huesos de la madre si no se asegura una nutrición adecuada rica en calcio y vitamina D.
Bursón enfatiza que es fundamental no normalizar el dolor crónico ni ignorar señales alarmantes como rigidez matutina prolongada o malestar persistente. La práctica regular de ejercicio adaptado a cada etapa vital es crucial para mantener una buena salud ósea y muscular.


