La osteoporosis, un desafío oculto
La osteoporosis es conocida como la «enfermedad silenciosa» y, aunque se asocia comúnmente con la menopausia, su impacto va más allá de esta etapa de la vida. Esta patología sistémica del esqueleto, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se caracteriza por una disminución en la masa ósea y un deterioro en la microarquitectura del tejido óseo. Esto resulta en una mayor fragilidad del hueso, aumentando el riesgo de fracturas incluso ante caídas leves.
El doctor Juan José Lerma Garrido, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Valencia, destaca que las fracturas más comunes afectan a las vértebras, caderas y muñecas. En mujeres postmenopáusicas, el descenso en los niveles de estrógenos es un factor clave que contribuye a esta condición. Sin embargo, otros elementos como el envejecimiento, predisposición genética y ciertos tratamientos médicos también juegan un papel importante.
A partir de los 50 años, especialmente en mujeres mayores de 70 años donde se estima que hasta el 52% pueden verse afectadas por esta enfermedad, es crucial realizar revisiones médicas adecuadas para identificar factores de riesgo clínicos. La osteoporosis puede no presentar síntomas hasta que ocurre una fractura; por lo tanto, no hay que esperar al dolor para evaluar el riesgo.
Una herramienta fundamental para diagnosticar la osteoporosis antes de que aparezcan fracturas es la densitometría ósea o DXA, que mide la densidad mineral ósea principalmente en cadera y columna vertebral. Un T-score igual o inferior a -2.5 indica osteoporosis y debe ser evaluado junto con otras pruebas complementarias si existen factores de riesgo.
Afortunadamente, existen tratamientos eficaces para reducir el riesgo de fracturas. Los fármacos antirresortivos como los bifosfonatos ayudan a frenar la pérdida ósea. Para aquellos con osteoporosis grave o alto riesgo de fractura, se pueden utilizar tratamientos osteoformadores que estimulan activamente la formación ósea.
El doctor Lerma aclara una pregunta frecuente: sí es posible recuperar parte de la masa ósea perdida tras iniciar un tratamiento adecuado e individualizado. Los fármacos osteoformadores son particularmente efectivos en este aspecto.
No obstante, el tratamiento farmacológico debe complementarse con cambios en el estilo de vida. Factores como el sedentarismo, tabaquismo y consumo excesivo de alcohol agravan la pérdida ósea. Se recomienda adoptar hábitos saludables como realizar ejercicio físico regular enfocado en carga y equilibrio; mantener un peso saludable; evitar fumar; moderar el consumo alcohólico; y asegurar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D.
Todas estas medidas son esenciales para conservar los huesos sanos pero no sustituyen al tratamiento médico cuando existe un alto riesgo de fractura.


